La noche es nuestra y tu no estas.

Escucho un ruido. Me despierta. No me había dado cuenta que llovía. Que raro. Asi como no me di cuenta que ya no estabas.
Estiro mi brazo tratando de alcanzar el tuyo, pero lo único que toco es la almohada tibia que dejaste. Aun sin entender, mi cuerpo decide voltearse, y es ahí cuando mis ojos se convencen que no estas.
De inmediato me levanto a buscarte. Te haz ido sin dejar rastro. Volteo a la ventana, y hay una hermosa luna queriendose meter.
Ahora no por favor– le dije, y voltee mi rostro.
Con un por ciento de duda en mi, me levanto a buscarte por los cuartos, con la esperanza de que en uno estés esperándome. No es asi.
Sin fuerzas y con un corazón encendido, me resigno a volver a la cama sin ti. Me pongo de mi lado, respetando el tuyo. Mi cuerpo se recuesta esperando encontrarse con su compañero. No pasa nada. No hay nadie.
De mi lugar puedo ver a la luna desesperada por entrar. La ignoro. Cierro mis ojos, ya sin esperanza alguna. Tomo un respiro y recuesto mi cabeza.
Es la necesidad de sentirte conmigo, que hasta puedo escucharte respirar detrás de mi. Cada vez mas cerca. Y mas cerca. Y mas.
Me abrazas. ¿Acaso ya me dormí que estoy soñando? Espera. Ese abrazo, esa protección, se siente demasiado real. Abro mis ojos y veo tu mano sobre mi cuerpo. De inmediato busco tu rostro. Sonríes y dices:

-¿Crees que te iba a dejar sola en nuestra noche?- …

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